El paradigma dual y el no-dual, por el Dr. Norberto Levy

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El paradigma dual y el no-dual, por el Dr. Norberto Levy

El paradigma dual y el no-dual
Su influencia en nuestro modo de explicar la realidad.
 Dr. Norberto Levy

Estamos habituados a pensar que la realidad última está constituida por dos fuerzas opuestas y antagónicas, ya sea que la nombremos como el bien y el mal o el amor y el odio. Desde esa mirada cada una de estas fuerzas es irreductible, es decir es así y siempre será así.

Esta cosmovisión es muy antigua y uno de sus representantes más radicales fue Mani, de donde surge el término “maniqueísmo”, quien fue un pensador persa (215-276) d.C. que afirmaba precisamente que “la realidad está conformada por dos principios opuestos e irreductibles entre si y existe una eterna lucha entre el bien y el mal”.

Los gnósticos expresaron la misma idea dualista haciendo una tajante división entre la materia y el espíritu y afirmaban que el mal estaba ligado a la materia mientras que la salvación residía en el espíritu.

También encontramos la misma perspectiva en el mito de “la expulsión del paraíso” en el que la serpiente encarna la oposición a Dios, tentando a Eva a probar la manzana y recibiendo castigo por ello.

El nombre de los antagonistas puede cambiar: bien-mal, materia-espíritu, luz-oscuridad, pero lo común entre ellos es la eterna batalla entre dos principios considerados como opuestos e irreductibles.

Esta cosmovisión está en las raíces mismas de la tradición judeo-cristiana e impregna fuertemente, hasta nuestros días, la manera de explicar la realidad.

Dicha cosmovisión también ha penetrado el campo psicológico y su influencia se presenta en el dualismo: eros-tanathos y en todos sus conceptos subsidiarios: sadismo primario, masoquismo primario, naturaleza destructiva, instinto asesino, etc.

Cuando uno se apoya en esta afirmación, las conductas disfuncionales o destructivas son explicadas como la expresión de esa destructividad básica. Por ejemplo: “Esto que hiciste, que te dañó, es como se manifiestan en vos tus tendencias autodestructivas”.

Y como esas tendencias son irreductiblemente así, cuando escucho tal explicación, lo que me toca entonces es ser consciente de esas tendencias, darme cuenta cuando están por manifestarse y controlarlas para no actuarlas. Es decir, no está contemplada la posibilidad de transformación.

Cosmovisión no dual.

La cosmovisión no-dual, que tiene como uno de sus representantes más conspicuos a Plotino, filósofo griego contemporáneo de Mani, que vivió entre el 205 y el 270 d.C. afirmaba exactamente lo opuesto: que “todo lo manifestado fluye desde el Uno, omniabarcante y omnitrascendente, origen y raíz de todo lo existente”.

Cabe agregar que ese Uno es el Amor, que no tiene opuesto pues todo lo abarca y lo integra.

Esta mirada es incluida explícitamente en el campo psicológico en la década del 50 por las psicologías humanistas, que incluyeron esta perspectiva a través del reconocimiento de la importancia de la autoregulación (u homeostasis) como fuerza básica del funcionamiento biológico y psíquico. Fritz Perls, quien formó parte de ese movimiento, destacó tanto la significación de la autoregulación organísmica que la consideró un pilar de la Psicoterapia Gestáltica que él creó.

Este es el cambio de paradigma que introduce Perls en la explicación de las fuerzas básicas que operan en el universo psicológico.

Para decirlo en palabras simples, la frase que mejor refleja la visión dualista es: “En el corazón humano hay una eterna batalla entre el bien y el mal”. Y la frase que mejor expresa la visión no-dual, es: “En el corazón humano hay un continuo proceso de autoregulación y aprendizaje en curso”.

La causa del odio.

El punto crucial en el que estas visiones se ponen de manifiesto es en el modo en el que cada una explica el odio. Para el dualismo la causa última del odio es la destructividad primaria que todos los seres humanos albergamos.

Para la concepción no-dual la causa última es amor frustrado, confundido y desesperado, al que se suman las conclusiones equivocadas surgidas de la inmadurez y la ignorancia existencial.

Cuando la necesidad de un trato amoroso se frustra de un modo reiterado, desde el dolor, el enojo y la inmadurez, produzco conclusiones acerca de porque sucede eso: “Esto pasa porque no le intereso a nadie”, “La vida es un combate permanente y destruyo o me destruyen”, etc. En la medida en que mi percepción de la realidad se va forjando sobre esas conclusiones voy desconectándome de mi propia energía solidaria y voy activando una actitud de guerrero impiadoso de la vida. Allí prima el “sálvese quien pueda” el “No me importan los otros, “Matar o morir”, etc.

Y así es como se van eslabonando las experiencias que desembocan en las acciones más destructivas.

Ecos cotidianos del dualismo.

Si bien el cambio de paradigma quedó instalado en el concepto de autoregulación organísmica, la inercia de tantos siglos hace que sigan expresándose afirmaciones que muestran que aún nos seguimos apoyando en la creencia de que albergamos una naturaleza destructiva que es la que explica nuestros comportamientos distorsionados: Las frases más frecuentes son:

“Vos no querés crecer”, “Vos no querés curarte”, “Sos insaciable”, “Tenés un saboteador interno que arruina todos tus logros”, “A vos te gusta sufrir”, “Sos un sádico por naturaleza”, “Estás mostrando el “mister Hyde” que llevás adentro”, etc.

La mano tendida y el revólver.

La madre Teresa de Calcuta mostraba su mano abierta y tendida y decía “Todos comenzamos así. Cuando esa actitud ha sido frustrada muchas veces, terminamos así”, y mostraba su mano transformándose en el gesto del revólver.

En el marco de esta metáfora, la visión dualista dice: todos albergamos esas dos naturalezas, la de la mano tendida y la del revólver y entre ambas existe una constante lucha.

Tal como lo presenta la madre Teresa se ve cuál es nuestra energía original y también que aún quien tiene ya instalado en su vida el gesto del revólver, en lo profundo de sí conserva en latencia la actitud de la mano abierta y tendida.

Una de las tareas más importantes que tenemos los seres humanos es aprender a ver el amor allí donde parece que el amor no está. Ver el amor que subyace en una actitud agresiva o en los antagonistas de un conflicto y lograr identificar el camino de frustraciones que recorrió ese amor, hasta convertirse en la oposición combativa en la que ahora se encuentra. Cuando logro hacer eso y puedo colaborar para que los antagonistas mismos lo descubran y se reconecten con su energía amorosa original, estoy facilitando el camino que transforma oposición en complementariedad.

Cosmovisión y clínica.

Puede resultar útil mostrar cómo se refleja esta visión en la práctica clínica. Por tal motivo describiré un resumen de la sesión de Carlos (52 años) quien consultó por una culpa torturante que no lo dejaba vivir y que estaba arruinando una relación de pareja que era valiosa para él.

Cuando le propuse que desde su “voz culpadora” le hablara al “culpado”, le dijo: “Vos siempre transgredís normas, hacés desastres y arruinás las situaciones importantes. Y sé que lo vas a seguir haciendo porque esa es tu naturaleza. La verdad es que no mereces ser feliz”

El culpado le respondió:

“Es cierto que he cometido algunos errores pero así como me estás hablando todo el tiempo, no me dejás vivir ni disfrutar nada. Y ya me tenés harto. Llegado el momento voy a hacer lo que me parezca y no me podrás controlar”.

Y así estaban, en plena confrontación.

Desde una visión dualista se describe esta batalla como el antagonismo propio de dos “adversarios naturales”: el impulso y la norma, en el que cada uno defiende un punto de vista opuesto. Desde una visión no-dual se afirma que la relación natural entre ellos es la de la complementariedad, que ese es el vínculo que han perdido y que la tarea es ayudarlos a retomar contacto con esa calidad de relación que está en la base.

Apoyado en esa perspectiva, le pregunté al culpado: “Dado que sentís que has cometido algunos errores, ¿Cómo necesitarías que él te hable para que puedas sentirte genuinamente ayudado a no volver a cometerlos?”

Y el culpado respondió: “Necesito que me hables de igual a igual, que no te pongas en esa posición superior desde donde me das órdenes y me quieres dominar. Que conversemos y que no me castigues”.

En ese momento, incluí el recurso del rol de asistente interior que he desarrollado en mi obra como un aporte a la psicoterapia gestáltica y al proceso de resolución de conflictos, y le propuse: “Te invito a que te desplaces a tu costado y que intentes convertirte en quien le habla al culpado como él dijo que necesita. Enfócalo con tu mirada interior y háblale”.

Desde ese rol le dijo: “Vamos a dialogar de igual a igual. Sé que tenés derecho a ser feliz y disfrutar de tu vida y te quiero ayudar. Si veo que estás por cometer algún error, te voy a alertar. Voy a ser como un sabio advertidor”.

Como vi que estaba muy conmovido, le pregunté: “Decile con que sentimiento le estás hablando” Y visiblemente emocionado, dijo: “Con amor”

Ese trato produjo una intensa emoción y un gran alivio en el culpado. “Es como si me hubiera sacado una mochila de cien kilos…”

La sesión continuó y me centré en ayudar a consolidar el aprendizaje de la transformación de un “reprochador-castigador” en un “sabio advertidor”. Es decir, la misma función de alertar y señalar errores, llevada a cabo con respeto y eficacia, es decir, con amor.

Así es como la confrontación entre dos “revólveres” se transformó, y ambas partes recuperaron su posibilidad de intercambio entre “manos tendidas”.

 

Norberto Levy es médico psicoterapeuta, creador del modelo Autoasistencia Psicológica®.

Es miembro fundador de la Asociación Gestáltica de Buenos Aires. Ha escrito numerosos artículos y varios libros. Los más recientes son: El Asistente interior, (Ed. Del Nuevo Extremo), La Sabiduría de las emociones (Ed. Random House Mondadori) y La Sabiduría de las emociones 2 (Ed. Random House Mondadori) .
Es autor también del DVD: ¿Cómo cambiar? (Kier).
www.autoasistencia.com.ar